La Visita

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Mensaje  Thomas Myles el Mar Mar 27, 2012 10:25 am

11 de Diciembre

Había pasado un tiempo des de que había visitado tierras mágicas, viaje en el que se encontró casualmente con Sunday Dawson, y con ella, muchos recuerdos de su pasado vinieron a su mente. Aquellas semanas no había parado de pensar respecto a ese tema y la cara de la muchacha rubia mientras le explicaba su situación amorosa actual. No, no se podía decir que Thomas estuviera enamorado, pues realmente nunca había sentido eso por nadie, sólo atracción y viendo a las chicas –o incluso chicos, dependiendo el caso o el objetivo– como meros trofeos. Pero con lady Dawson era ciertamente distinto; tenía una extraña obsesión con ella, no sabía exactamente por qué, ya que tampoco se lo había planteado, sólo sabía que debía romper aquella pareja, o hacerla tambalear… Que podría volver a conquistar a Sunday.

Ya había acabado con los pesados exámenes, y ya volvía a tener tiempo libre. Aún a pesar de que sus padres le tenían el ojo puesto, podía moverse con cierta libertad, utilizando de excusa que iba a hacer una visita a Londres o sitios de “alto-standing”, cosa que aceptaban a regañadientes. De ser por ellos, Thomas estaría en casa las horas restantes que no estuviera en la universidad. Para favor de éste, sus progenitores en el fondo, y aunque no lo aparentaran, le tenían algo de temor. La magia era algo que los muggles no podían controlar con tanta facilidad. Pero también estaba en su contra que el mundo mágico se encontraba muy restringido, y en el hipotético caso que a Thomas se le fuera la mano, no dudaría a afirmar que sus padres lo denunciarían o algo semejante. Sinceramente: estudiar abogacía no le iba nada mal.

Se encontraba dando un tranquilo paseo por París, lejos de sus amistades que en ciertas ocasiones llegaban a agobiarlo, más aquellos días debido a tener la cabeza en otros asuntos a parte de los exámenes, no estaba para gastar o idear bromas entre clase y clase. Se quedó parado en uno de los puentes que cruzaban el río Sena, observando cómo corrían las aguas de éste. Un plan comenzó a invadir su mente. Frunció el ceño porque al principio no tenía muy claro qué iba a hacer en ese tiempo libre y qué era exactamente lo que quería venirle a la cabeza. Pero entonces ya lo tuvo claro.

Sin detener siquiera un segundo sus pasos, llegó hasta una bonita y colorida floristería del centro. Nada más llegar comenzó a observar los ramos que allí estaban expuestos, intentando buscar el más adecuado para la ocasión. Para asegurarse de que el florista no se guardaba un as en la manga, le preguntó por los más vistosos, exitosos y no importaba si eran los más caros. Éste condujo al joven hasta el área donde las flores hablaban por sí solas. Había descartado las rosas, quizá era demasiado evidente, y para Sunday tenía que aparentar ser un buen amigo, que le deseaba lo mejor, que podía confiar en él y, sobretodo, que Thomas no se declaraba a las chicas, si no viceversa. Al fin dio con uno que le pareció perfecto; flores naranjas, con algunas rosas amarillas, todo un mejunje que quedaría perfecto en cualquier sala de estar, bien grande y vistoso.
No cesaba en mirar el gran ramo que llevaba en las manos, mientras pensaba en cómo debía actuar. Con la mano libre se sacó un papel muy doblado de un bolsillo, donde había escrita la dirección de la casa de Sunday. Ya se puede imaginar la cara de incredulidad de Thomas cuando al llamar al timbre del hogar Dawson y preguntar a madame Wendolyn por su hija, ésta le respondió que ya no vivía allí. Después de unos segundos largos de sorpresa, asintió con educación y “naturalidad” antes de averiguar dónde quedaba su nueva “casa”, con la excusa de que hacía mucho tiempo que no veía a su amiga y se merecía un buen regalo.
Por suerte había aprendido a trasladarse con el hechizo Aparición. Tenía su coche, pero no tenía ganas de ir como un muggle en tierras mágicas, cuando tenía la ocasión siempre actuaba como lo que era: un mago.
Sonó el timbre en Munday’s Place. Tuvo que caminar hasta el final de la calle para encontrar el… apartamento. ¿Un apartamento? ¿Era eso todo lo que podía proporcionarle ese tal… Mihjail?... Se preparó para recibir a su amiga Sunday, mostrando con elegancia el ramo de flores variadas. Siempre y cuando… fuera ella quien le abriera la puerta.

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Re: La Visita

Mensaje  Sunday Dawson el Mar Mar 27, 2012 10:47 am

No tener clases en la universidad se podía llegar a hacer pesado y aburrido, y es que aunque todos los días solía tener que acudir a alguna que otra clase, aquella mañana se había encontrado con que la tenía libre. Si Mihjail también hubiese tenido libre podría haberle dicho de hacer algo, aunque fuese no salir de la cama en todo el día, pero estando sola...

Al final obviamente había acabado levantándose y Siobhan, la única compañía que tenía cuando se quedaba sola en casa había tardado pocos segundos en correr hasta ella para pedirle comida. La rubia no se podía creer que hubiese esperado a que se levantara.

Mientras desayunaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, la taza en las manos y la mirada puesta en la terraza, se le ocurrió que podría ir a ver a su madre, pero quizá la mujer tenía otros planes, ¿no? Antes siempre sabía qué hacía o dónde estaba (o casi siempre) pero desde que se había ido de casa, tenía que admitir que no tener esa información podía llegar a ser molesto en cierto sentido.

Pensó que quizá podría adelantar alguno de los trabajos sobre arte contemporáneo que les habían mandado, porque desde luego lo que era inspiración para coger y ponerse a dibujar no tenía en esos momentos, así que al menos así adelantaría un poco de la universidad y se le pasaría antes la mañana (o eso esperaba ella al menos). Dejó la taza en la pica y abrió el portátil sobre la cama, abriendo una vez estuvo encendido y cargado en primer lugar el reproductor de música.

¡Se veía incapaz de hacer tareas universitarias sin música! Incluso tenía que admitir que en alguna ocasión la había ayudado a inspirarse para algún dibujo. Abrió un documento, un explorador de internet y empezó a buscar información y redactar el trabajo bajo la atenta mirada de Siobhan que estaba sentada junto a ella y parecía seguir divertida el puntero del ratón cuando su dueña lo movía por la pantalla.

- So-what am I not supposed to have an opinion, should I keep quiet just because I'm a women, call me a bitch cause I speak what's on my mind, guess it's easier for you to swallow if I sat and smiled… - Entonaba mientras tecleaba sin apartar la mirada de la pantalla pero manteniendo totalmente el ritmo de la canción que escuchaba. Al menos hasta que el timbre supero su propia voz haciendo que parase al momento de cantar y en un rápido movimiento detuviese el reproductor.

Arqueó una ceja buscando la mirada de Siobhan que había puesto ligeramente las orejas hacía atrás, algo que hacía siempre que sonaba el timbre. No se podía imaginar quién podía ser a aquellas horas. En realidad solo podía ser su madre, puesto que Jacques también estaba en el trabajo, como todos los demás básicamente.

-¡Voy! – Dijo alzando la voz mientras tomaba el albornoz que tenía cerca y se lo ponía por encima del camisón. Sólo por si acaso... No fuese a ser que no fuese su madre. ¡Quién sabía! En esos momentos no sabía cuánto iba a agradecer ese impulso de taparse con algo más.

Llegó a la puerta pasados unos segundos y la abrió encontrándose con nada más y nada menos que con Thomas. La muchacha estaba tan sorprendida que tardó unos segundos en reaccionar – ¡Thomas! – Le miró entre sorprendida y extrañada. El mismo chico de siempre, con la misma pose elegante para sujetar las cosas, lo que en cierto modo le hizo hasta gracias – Tú..., ¿cómo has sabido que yo...? ¿Cómo me has encontrado? – Después de todo ella no le había dicho que se había ido a vivir con Mihjail. Solo podía habérselo dicho... – ¿Ha sido mi madre? Siento no haberte avisado es que... – Todo había ocurrido muy rápido y luego habían estado decorando el piso y todo eso y disfrutando de la convivencia, todo sea dicho – Pasa, pasa... – Añadió dejándole pasar y cerrando la puerta detrás de él.

En realidad el piso estaba muy distinto a como lo había visto ella la primera vez. Ahora había un salón propiamente dicho, con su sofá y su mesa para el café. Lo único que seguía igual era la cocina, con su barra americana y las dos sillas para comer. Las paredes habían sido pintadas (por ella misma) y en las ventanas que daban a la terraza (e incluso en la puerta que estaba en medio) había colocado unas bonitas cortinas de color blanco, además de que había plantas decorando el pequeño lugar. Nada recargado pero estaba más decorado que antes. Incluso habían colgado unos pocos cuadros que ella misma había pintado en las paredes y la planta que Mihjail le había regalado hacía casi un año reposaba en el extremo pegado a la pared de la barra americana.

- ¿Son para mí? – Preguntó mirando las flores con una leve sonrisa. Vivir con un herbologo hacía que ahora se interesase más por las plantas, aunque había que decir que siempre le habían atraído, también había que admitir que le fascinaba la pasión con la Mihjail hablaba de ellas y de sus propiedades. Estaba segura de que podría pasarse horas oyéndole hablar de aquella manera. – ¿Te apetece un café? – Le preguntó mientras se encaminaba hasta la pequeña cocina – Aunque primero... si me permites, voy a vestirme... – Dibujó una pequeña sonrisa mientras caminaba hasta la cómoda y sacaba algo de ropa (la ventaja de vivir con un mago eran los cajones infinitos que podían crear, donde cabía literalmente todo) – Luego te deleitaré con mis galletas. Horneé ayer – Añadió divertida.
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Re: La Visita

Mensaje  Thomas Myles el Miér Mar 28, 2012 8:40 am

Ensanchó una agradable sonrisa cuando desde el interior del apartamento reconoció la voz de su amiga. Aunque tampoco le hubiera importado –ni le importaría que Sunday estuviera acompañada de su… querido…─ que Mihjail le hubiera abierto la puerta, pero si estaba sola no le iba nada mal. No pudo evitar que le hiciera gracia que la muchacha se hubiera sorprendido por su visita, sólo había que ver la indumentaria que llevaba puesta… Por llamarla de alguna forma. Recordó por un momento los tiempos en los que ellos eran “pareja”.

No afirmó cuando Sunday dedujo que su madre fue quien le había dado la información a Thomas, no quería implicarla y además por lo pronto, no era algo muy relevante. Por suerte para él –y quizá para ella también… ─ sabía disimular bastante bien. De haber sido otro chico, seguro que habría examinado de mala manera a Sunday con una mirada de arriba abajo. Estamos hablando de una chica considerablemente atractiva.

Bonjour mademoiselle Dawson. Oui, son para ti ─la saludó entregándole el ramo de vistosas flores.

Con la misma sonrisa plasmada en el rostro más una leve y cortés inclinación de cabeza, Thomas puso un pie en el nuevo hogar de su amiga. Bastante sencilla a su gusto, tan acostumbrado que estaba a ver mansiones de gente adinerada, incluyendo la suya, y con souvenirs decorando cada rincón de la casa.

Quien debe disculparse soy yo Milady, por no avisar antes de hacerte una visita. Fue algo espontaneo, pensé que ya teniendo más tiempo libre estaría bien vernos más a menudo. Suelen decir que las amistades a distancia acaban deteriorándose y aunque sé que en nuestro caso no sería así, me pareció buena idea darte una sorpresa. Merci beaucoup, seguro que tus cookies están deliciosas. Y mi opinión no es la de cualquiera, que te lo está diciendo un francés. ─ comentó con gracia y entre una sutil risa. No dudó en intensificar su mirada mientras hablaba sobre la amistad entre ambos y que debían conservarla. Thomas tenía muy claro eso.

Asintió ante el ofrecimiento de la taza de café y galletas antes de que Sunday comentara que debía ponerse ropa. Alzó una ceja y trató de no parecer descarado mirando hacia donde se había dirigido Dawson. Pero en cierta manera se sentía bien pensando que alguna vez en el pasado había poseído ese cuerpo, lleno de curvas perfectas. Debía ser por eso que no le hacía falta seguir con sus ojos verdosos a la joven para verla en su naturalidad. Observó a su alrededor una vez más, ahora de forma más detenida. Fue cuando apreció que en las paredes habían cuadros colgados que podía reconocer. Frunció el ceño y comentó sin apartar la vista de las pinturas:

¡Oh! ¡Sublime! ─exclamó con su peculiar acento francés─ ¡Esos cuadros! ¿Los has dibujado y pintado tú? Mademoiselle, ya podrías abrir una galería. Ya no te lo propongo, ¡te lo exijo!

Sonrió abiertamente, acercándose a uno de los cuadros, aparentemente para apreciar los detalles que habían en él. Pero, en realidad, estaba empezando a maquinar la manera de que Sunday confiara todavía más en él de lo que ya lo hacía, no podía olvidar el propósito ni el objetivo de abrir brechas en aquella “sólida” pareja.

Ya sabes que puedes contar con Moi para lo que sea, y no tendría problema en financiarte una… galería ─dijo girándose con sutileza, usando un tono de voz totalmente amigable─ O lo que necesites. Después de tanto tiempo por fin puedo decírtelo en persona y no escrito en un vulgar papel, sin expresión ni calidez.

Sonrió de la forma más encantadora que sabía, y en eso nadie podía superarlo. Con la experiencia y a parte de venir incluido en su forma de ser, había aprendido a conquistar a las personas a través de palabras, gestos o regalos, ya fueran parejas o amistades.

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Re: La Visita

Mensaje  Sunday Dawson el Miér Mar 28, 2012 9:02 am

En realidad era algo obvio que las flores eran para ella, ¿no? Había caído demasiado tarde en el hecho de que era una obviedad e incluso se sintió ligeramente avergonzada. – Merci – Respondió sonriendo mientras las tomaba y las dejaba con cuidado sobre la barra americana. ¿Su intención? Vestirse primero y ya luego ponerlas en agua. Le miró unos segundos antes de disculparse y dirigirse al baño desde donde siguió escuchando al muchacho mientras se deshacía del albornoz, luego del camisón y se ponía los pantalones y la camiseta, soltándose luego el pelo para que cayera sobre sus hombros.

Salió del baño y se dirigió a la cocina donde puso sobre los fogones la cafetera y colocando el ramo en un jarrón que rescató de algún sitio. Cuando estaba Mihjail en casa, este solía hacer aquellas cosas con magia a pesar de que ella podía hacerlo de forma manual. Y no, no le molestaba. Su madre también lo había hecho siempre.

- Sí, son míos – Respondió apoyando los codos en la barra mientras sus ojos azules miraban la misma pieza que estaba mirando Thomas – ¿Un galería? – Se le escapó una pequeña risilla – No tengo unas expectativas tan altas puestas en mi trabajo... – Apartó la cafetera en el momento en que aquello estuvo y sirvió el café en dos tazas que puso sobre una bandeja junto al azúcar, llevándolo todo hasta la mesita del salón que estaba cerca de donde se encontraba Thomas – ¿Exigirme? No creo que nadie este con derecho a hacer eso... – Al menos ella opinaba que el arte era algo muy personal a veces. No todo el mundo querría que todo el mundo viera aquellas obras. Posiblemente preferían mantenerlas en casa y que sólo la gente más cercana pudiera disfrutar de ellas, al menos así era en parte en su caso.

- ¿Olvidas quién soy? – Le preguntó arqueando una ceja cuando se volvió hacía ella. En realidad ella se podía permitir no trabajar en toda su vida, su abuelo les había dejado un buen fondo a su madre y ella. Incluso podía comprarse tranquilamente una buena casa, el caso es que había decidido que quería hacerlo todo con Mihjail y sobretodo, no quería hacerle sentir mal consiguiendo ella cosas que él posiblemente con su sueldo nunca pudiera lograr. – Ahora en serio... Podría financiarme yo misma una galería. El caso es que..., no quiero – Comentó encogiéndose de hombros – No necesito más de lo que ya tengo... – Aunque posiblemente a él le pareciera poco con lo que había llegado a tener y lo que podían tener ambos debido a sus respectivas familias.

Si algo había aprendido debido a su condición era que a veces tenerlo todo no te daba la felicidad y en esos precisos momentos ella podía asegurar que aunque no tuviera todos los lujos del mundo, la casa más grande... le bastaba con tener a Mihjail con ella para sentirse complemente feliz.

- Además sigo siendo una simple estudiante... – Sonrió ligeramente. Eso de estudiar la había llevado a un pequeño enfrentamiento con Mihjail que había considerado aquella decisión como peligrosa, pero llevaba ya unos cuantos meses yendo a clases a Londres y había demostrado que una peluca y un poco de maquillaje hacía milagros. No necesitaba ser una metamorfomaga para mezclarse entre la gente. – ¿Alguna novedad en tu vida? No me digas que sigue siendo un Casanova y que nunca vas a sentar la cabeza... ¡Mírame a mí! – Y eso que apenas llevaban casi un año, si contaban desde aquella tarde de enero en la que todo comenzó, por supuesto. – Por cierto... ¿Has pensado venirte aquí indefinidamente? Las cosas se están poniendo muy feas para los magos...

Cosa que no pasaba por alto nadie, o casi nadie.
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Re: La Visita

Mensaje  Thomas Myles el Miér Mar 28, 2012 11:44 am

Oh, pardon mademoiselle, no era mi intención ─sonrió haciendo referencia a que nadie podía exigirle. A pesar de que se encontraban en una confianza amistosa, no quería parecer estar maquinando algo… Aunque en tal caso, creía lo suficiente en sí mismo como para pensar que era capaz de disimular a la perfección para que la rubia no sospechara.

La verdad es que la respuesta de ésta le sorprendió bastante; ¿Qué no quería exponer al mundo aquel arte? Tenía que ser modestia… En la cabeza de Thomas no había sitio para tanta simplicidad, ahí también incluía que no entendía por qué vivían en un apartamento así.

Por supuesto que conozco su linaje, mi Lady ─en ese momento se dio la vuelta con simpatía y se sentó con gentileza en uno de los sofás que estaban frente a la mesita del salón─ Aún así me ofrezco para una buena amiga como vous. Y debo decirte que yo no te considero una simple estudiante, inevitablemente tienes que destacar sobre el resto. Aunque nunca haya pisado tu universidad, lo sé.
Se encogió de hombros mirando a Sunday a los ojos mientras sonreía, había dicho eso como un piropo, y no pudo evitar reír ante las preguntas de la chica hacia Thomas. Le hacía gracia, porque en el fondo parecía que la muchacha lo conocía bastante, aunque por otro lado sentía que lo juzgaba con inocencia porque él siempre había dado su propia opinión y versión de cada una de las historietas de “amour” que había tenido. Eso contando que visto des de fuera, ser un Casanova era incluso anecdótico o entretenido, pero si eras una de las chicas a las que rompía el corazón, se veía todo muy distinto. Pero el francés ni se preocupaba en preguntarse por ellas, con total frialdad las “olvidaba” al día siguiente. A todas… menos una con la que tan siquiera había cortado el contacto, quizá porque ambos se entendían… Por el hecho de no ser vulgares muggles.


¡Oh bueno! ─pronunció al fin tras una risa floja, delatando su travesura, pero sin olvidarse de con quien estaba hablando─ No, en realidad estoy aprendiendo la lección, luego no resulta tan fácil dejar las relaciones… Y ya te he contado muchas veces como se ponen ellas. Además, es hora de ser decente, tengo que darle reputación a mi apellido y centrarme en los estudios porque en un futuro seré alguien ─afirmó con total seguridad.


La siguiente pregunta le ensombreció sutilmente el rostro. Sí que se habían mandado mil cartas, y que en teoría ambos se conocían como si fueran amigos de la infancia, pero Thomas nunca había llegado a ser completamente sincero. No iba a decirle a nadie conocido del mundo mágico que sus padres eran muggles, se sentiría como decir que había nacido en un cubo de basura, a pesar de que en realidad, para sus progenitores era como si Thomas tuviera la peste. Así que para Sunday, sus padres eran magos que para camuflarse, actuaban como no-mágicos, todo por su hijo y también sus estudios. Trató de disimular su cara seria.


C’est vrai… ─comentó como si sus pensamientos estuvieran en otro lado mientras miraba su taza de café. Sin levantar la vista siguió comentando, algo reflexivo aún─ Había pensado seriamente en ello… Pero por el momento creo que no me moveré de París, no al menos hasta terminar mis estudios en el mundo muggle. La verdad, no es que esté totalmente cómodo, pero es la mejor manera de sobrevivir, hacerte pasar por uno de ellos… O al menos aparentarlo.
Fue en ese momento cuando desvió la vista a un mueble, donde había expuesta una maldita foto en la que posaban Sunday y ese tal… ruso, muy juntos. Sin tan siquiera pensar en que parecía que cambiaba de tema, hizo referencia a ella.

Vaayaaa… ─exclamó aparentemente sorprendido al ver la imagen enmarcada sobre el mueble. Si hasta ahora había sido sutilmente hipócrita, ahora iba a desplegar “sus encantos” y lo iba a ser el doble, pues era un tema clave para él, el de la relación amorosa de su “amiga”─ Que… foto más… Bonita. Hacéis buena pareja. ¿Él trabaja? Veo que ahora mismo está ausente ─observó mientras miraba a su alrededor, aunque ni hacía falta. Sería una manera de obtener más información, y tampoco dudaría en meter baza siempre que viera la ocasión y sin que se notase… aparentemente─. Pero seamos sinceros, me gusta, así podemos charlar como lo hacemos por correo, o cotillear… ─comentó con gracia─ Y aprovecho para preguntar, ¿Planeáis quedaros a vivir en este piso? Quiero decir, es un apartamento muy acogedor pero… ¿no es algo modesto? Así hablando en confianza y sabiendo de nuestros linajes y nuestras capacidades económicas, mademoiselle…

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Re: La Visita

Mensaje  Sunday Dawson el Jue Mar 29, 2012 8:04 am

¿Excuse-moi? ¿Había oído bien? Una risita por lo bajo se le escapó a la muchacha después de aquellas últimas palabras de Thomas. ¿Qué ella destacaba inevitablemente sobre el resto? En realidad intentaba pasar desapercibida, no hasta el extremo de parecer un mueble más del aula, pero intentaba no llamar demasiado la atención. Nunca se sabía que podía pasar si alguien se enteraba de quien era. Incluso iba con sumo cuidado de que ningún cabello rubio saliera de debajo de aquella peluca de pelo natural moreno que usaba, ni siquiera cuando se recogía el pelo. Claro que había ido más allá de disimular solo con el pelo.

De todos modos decidió no decir nada con respecto a aquel comentario – Ya te lo decía yo... Nuestro caso fue distinto. – Sí, porque había sido un desliz. Sunday aún quería creer que lo que había pasado con Jacques tenía algo que ver. El caso era que dadas las circunstancias en que todo aquello se dio no había tenido ningún tipo de problema para seguir con su amistad con el parisino. –Si... Eso he pensado yo también muchas veces, que la única forma de sobrevivir es mezclarte con ellos, pero mi vida está atada a la magia y a Mihjail no es que le haga mucha gracia que yo estudie en una universidad muggle y que cada día tenga que ir allí. No es para menos tal y como están las cosas y siendo quién soy. He tenido suerte, pero ni siquiera pienso que podría pasar si alguien descubriese mi verdadera identidad.

No se había parado a pensarlo porque creía que entonces el miedo la habría invadido por completo e incluso podría bloquearla. De todos modos su disfraz estaba lo bastante bien como para mantener a la gente engañada. Su disfraz y el hecho de seguir usando el apellido con el que estaba inscrita como ciudadana Londinense desde hacía años.

La mirada de la muchacha se desvió hasta el punto que miraba Thomas y una sonrisa espontánea se dibujó en su rostro – Mi madre siempre dice que estamos hechos el uno para el otro, algo así como que somos la pareja ideal a pesar de la diferencia de edad – Y ella no iba a ser quien le llevase la contraria, como mucho posiblemente Gerry por lo que había sacado de aquella conversación que habían tenido. – Sí, es más ahora mismo está trabajando. Es profesor de Transformaciones en la escuela de la comunidad, aunque en realidad es herbólogo – motivo por el cual seguía considerando tan especial el regalo que le había hecho por su diecinueve cumpleaños. En ese momento se preguntó cómo pensaba superarlo. – Dentro de poco vendrá... No sé si hoy sólo se queda a comer o tiene la tarde libre... – Le bastaba con saberse su horario. Es más había sido muy meticulosa al cogerlo de modo que coincidiera más o menos con las horas de trabajo de Mihjail para así poder pasar más tiempo juntos.

Se llevó la taza a los labios para darle unos cuantos sorbos al café. Sí, a ella también le gustaba poder hablar así con él. En realidad era de las pocas personas de las que estaba alejada físicamente durante un tiempo, aunque la separación que más le había dolido había sido la de su madre y la de Mihjail a principios de año. Recordaba pensar que quizá aquella confesión de lo que sentían y aquel pequeño momento íntimo que habían compartido sería el único y sin embargo, ahora se encontraba viviendo con él.

La siguiente pregunta se le antojó curiosa. ¿Con lo que les había costado decorarla? – Sí, a mi me gusta. Es íntima, acogedora, agradable y además..., no quiero hacer sentir mal a Mihjail. Es decir, los dos sabemos que yo puedo permitirme cualquier cosa, pero no me parece bien restregárselo y recordárselo a cada momento. – Se quedó unos segundos en silencio antes de proseguir –Somos una pareja y considero que estas cosas tenemos que hacerlas juntos, sin que ninguno de los dos tenga el poder de un modo u otro. Además, solo somos nosotros dos y Siobhan por el momento..., ¿por qué vivir en un sitio más grande cuando no es necesario y somos felices aquí?
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Re: La Visita

Mensaje  Thomas Myles el Sáb Mar 31, 2012 10:47 pm

La incomprensión se plasmaba en el rostro de Thomas. Ella pensaba en seguir llevando una doble vida, la mágica y la no-mágica. La verdad es que sentía envidia de que pudiera actuar con tanta libertad, al menos dentro de su ambiente cercano, hablar de magia con su madre o… con ese engendro con el que estaba sin ser un tema tabú o que terminara pateada fuera de casa. Cuando oía a Sunday hablar, se planteaba en cuestión de segundos, como si fueran flashes que atormentaban su mente, si de verdad estaba haciendo lo que debía, si el camino que tomaba era el correcto, si realmente hacía lo que QUERÍA hacer.
Debida a esa reflexión, su respuesta se hizo esperar.

Sí, muy distinto… ─ afirmó con misterio mientras miraba directamente a Sunday y sus azulados ojos, recordando la relación intima que habían mantenido hace un tiempo. Pero no quiso atornillar demasiado en ese asunto y se recolocó en el asiento, bajando la vista a su taza de café─. Mejor no pensarlo, ¿verdad? Yo tampoco quiero hacerlo, ni siquiera imaginarme si te descubren. Ce serait horrible… ─decía con pesar y serio, aunque tratándose de Thomas, la seriedad no existía dentro de él. Pero quería hacerle pensar en ello, que ésta no pudiera dormir por las noches comiéndose la cabeza de si podrían descubrirla o no y se preocupara más de lo que había hecho hasta ahora, simplemente por la envidia que sentía Thomas en ese momento por ella y su situación que parecía ir cada vez a mejor─. Es muy arriesgado, demasiado, pero bueno, ¡no es momento de hablar sobre eso! ¿Por qué iba a pasar algo? Nah, eres demasiado lista para ellos. Me alegro que al menos no te fijaras en un muggle, aunque no esperaba menos de ti.

Comentó, dejando entrever ese lado narcisista que solía identificarlo. En realidad, pensaba el mago, hubiera sido bastante denigrante que Sunday hubiera acabado con un no-mágico después de haber estado con alguien como Thomas, y simplemente porque teniendo el estatus que tenía… No. Aún así, no quería admitir que podía haber un tío que fuera más que él, tenía que conseguir fuera como fuera que Sunday pensara que no había estado con un chico mejor que el francés, que de hecho, no encontraría siquiera uno igual que él. Tenía que romperle el corazón como había hecho con el resto de chicas de las cuales Thomas ni se preocupaba… Y… Unas cuantas de ellas… muggles. Y algún muchacho que otro, ¿por qué negárselo a sí mismo? Pero Sunday sobrepasaba a todos ellos, quizá porque era uno de los pocos contactos mágicos que tenía. Aunque se tratara de una squib, su familia era bien reconocida.

Vraiment?... ─añadió después de que su rubia amiga comentara que su madre decía que hacían buena pareja. Hizo un gran esfuerzo para que el sarcasmo no se le fuera de las manos, así que apostilló─. Yo también opino como madame Dawson…
Se le estaba esfumando la hipócrita alegría del cuerpo. Si en aquel momento le quitaran la camisa negra que llevaba, se le vería todo el vello crispado. Lo que le faltaba oír es a Sunday diciendo que su, bueno, ese tal M-i-j-h-a-i-l, trabajaba como profesor de transformaciones. Se mantenía frío, pero antes de que se le notara cualquier indicio de rabia en su cuerpo, pensó en que “ese” era años mayor que Thomas.


Intéressant... ─continuó con sus frases cortas mientras trataba de conservar la calma. Y parecía conseguirlo, al menos en apariencia, porque por dentro seguía bulléndole la sangre, aunque era cuestión de tiempo de que Thomas llegara más lejos que ese herbólogo de pacotilla. Tomó un sorbo de café mientras seguía atendiendo a las palabras de Sunday, fue un milagro que no se le atragantara─. Sería imperdonable que te dejara comiendo sola, es más, es delito que te deje sola tan sólo un segundo ─sonrió el francés, siendo tan halagador como de costumbre. La respuesta de Sunday a lo del “por qué” de un hogar tan modesto, hizo que recobrara esa “alegría” hipócrita que tenía antes. Así que un pobretón… Quizá la oportunidad de meter baza se estaba acercando muy pronto─. Je comprends… Sólo era curiosidad, si a mí también me parece muy… bien decorada y acogedora. Aún así no vería el inconveniente de vivir en un lugar más amplio, como una mansión… ¡Pero qué estoy diciendo! ¡Si todavía eres muy joven para tener hijos! C’est vrai… ¿Para qué tanto espacio? Eso sí, opino, si vous me permettez a dire, que si quisieras precisamente vivir en una casa más espaciosa, o quisieras permitirte algunos caprichos, como amigo debo decirte que tu novio no tendría por qué reprocharte nada, ni siquiera molestarse. No es culpa tuya haber nacido en la familia en la que naciste. Me parece… bien tu modo de vida actual, de verdad, está très bien… Y eso que ya sabes cómo soy yo ─soltó unas risas, dando a entender que siempre tenía su lado pijo y que estaba acostumbrado a vivir sobradamente, cosa que conocía Sunday. La miraba fijamente, como si fuera su hermano preocupado por ella, mientras sujetaba con las manos su taza de café─ Pero… sinceramente, ya sabes que lo digo des de el cariño, no me gustaría que vivieras más... modestamente. Pero eso es sólo una opinión personal, no pretendo ser tu padre o algo semejante.

Se rió finalmente, quitando hierro al asunto una vez más.

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Re: La Visita

Mensaje  Mihjail Vasiliev el Vie Abr 13, 2012 10:00 pm

(Perdón por el retraso...)


Aparecerse directamente en el piso habría sido fácil y rápido; pero después del examen de transformaciones de tercero y una noche bastante tensa (el sofá le había destrozado las cervicales), estirar las piernas y aclarar la cabeza era una buena idea. No sabía exactamente que plan le esperaría al llegar a casa, aunque tenía fe en que todo se hubiera solucionado con aquella reconciliación cuando despuntaba el sol, pero con ella nunca se sabía...

Al fin y al cabo, Sunday y Mihjail eran como el resto de parejas, nada era idílico y perfecto, siempre había algo por lo que discutir y aquellos últimos meses la vuelta a la Universidad era el tema de conversación que encendía la mecha.

Sonrió inconscientemente cuando se encontró frente a la puerta de madera negra del piso, pero cuando abrió, su rostro había vuelto a su mueca natural, serio y con el entrecejo ligeramente fruncido. Su hermana Xenia siempre le había dicho que cuando fuera mayor iba a tener unas horribles arrugas de expresión por esa manía suya...

Pero lo que no se esperaba para nada encontrar después de la puerta era un invitado. Con la mano en el pomo y medio cuerpo aún en el rellano, los ojos aguamarina de Mihjail tardaron escasos segundos en recorrer al desconocido. - Buenos días. - Dijo esforzándose por mostrar una sonrisa fina y educada. Si Sunday lo había dejado pasar rompiendo las defensas mágicas del piso, es que aquel... “chico” era algo más que un conocido.

Una vez dentro y cerrada la puerta, el ruso dio un par de zancadas hasta situarse al lado de Thomas, ofreciéndole su mano para ser estrechada. - Mihjail. - Se presentó escuetamente intentando mantener una mueca agradable en el rostro, para después girarse hacia Sunday y dejar sobre su frente un casto beso a modo de saludo. Él no tenía ningún problema en demostrar delante del resto del mundo cuanto la quería, pero eso era un tema, y otro diferente la educación.

Se desabrochó el abrigo y se dirigió a colgarlo en el perchero, dejando por el camino sobre la mesa, la carpeta azul del trabajo donde había guardado algunos pergaminos con notas para las siguientes clases. Cuando había cogido el trabajo de profesor, ya intuía que tendría que echarle horas en casa, corregir deberes y exámenes, pero no había caído en que las clases debían ser preparadas con antelación. Tenía la sensación de que echaba más horas con todo aquel trabajo, que realmente dando clases. Aunque realmente, le estaba cogiendo el gusto a enseñar. Una lástima que la profesora de herbología (que debía de tener al menos ochenta años) no tuviera aún intención de jubilarse.

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Re: La Visita

Mensaje  Sunday Dawson el Dom Abr 15, 2012 11:35 am

Sí, mejor no pensaba en todo aquello, porque pensar podía llevarla a una paranoia continúa y sinceramente, bastante tenía ya con las discusiones que tenía con Mihjail con respecto a eso. Es más, intentaba evitar tocar aquel tema cuando estaban juntos aunque se había dado cuenta de que, para su desgracia era algo bastante difícil de lograr. Fuera como fuera siempre acababa saliendo el tema.

- ¿Qué hubiese tenido de malo un muggle? – Preguntó con cierta sorpresa en la voz. Ella no consideraba que los magos fueran malos o algo parecido, simplemente tenían miedo de todo lo relacionado con la magía, y otro puñado de los mismos se habían vuelto demasiado extremistas con respecto al tema. – Hay muchos magos y brujas que se han casado con muggles… No tiene nada de malo pese a la situación actual. No todos son como los brigadistas o los que tienen las mismas ideas metidas en la cabeza.

No pudo evitar soltar una carcajada cuando Thomas alegó que era un delito que la dejara sola aunque fuese tan sólo un segundo – Necesitamos nuestro espacio. Además, aquí estoy segura. ¿De verdad crees que este piso no está protegido? Mihjail es un poco… Esta un pelin obsesionado con la protección del piso. – Por algo tenía que llevar el colgante colgado del cuello si quería poder “romper” las barreras protectoras. No quería saber que le pasaría si algún día no se ponía el collar – cosa que dudaba – e intentaba entrar. Ni tan siquiera se había atrevido a preguntarle a Mihjail al respecto. Prefería no saberlo.

Dejó la taza ya vacía sobre la mesa. Ya iría después a dejarla en la pica de la cocina, posiblemente esperara a que Thomas también terminase y así haría solo un viaje. La muchacha siguió escuchando los comentarios de Thomas pero decidió no decir nada. ¡Por supuesto que si quería permitirse un capricho se lo permitía! Incluso si se le antojaba así le daba alguno que otro a Mihjail, por mucho que pudiese fruncirle el ceño sabía que le hacía ilusión.

Estaba a punto de añadir algo más cuando oyó el pomo de la puerta. Sus ojos azules se movieron automáticamente hasta la puerta y brillaron durante una milésima de segundo cuando se encontraron con los aguamarina de Mihjail. A pesar de la seriedad en su rostro en el de ella apareció una ligera sonrisa. Le siguió con la mirada mientras le ofrecía la mano a Thomas presentándose y cuando se volvió hacia ella y dejó aquel simple beso en su frente no pudo evitar cerrar los ojos al notar el tacto de sus labios sobre su piel. Podía parecer un gesto muy simple pero para ella (y posiblemente para él) llevaba impreso más sentimiento del que podía parecer a primera vista.

- Él es Thomas Myles… Te hable de él, ¿recuerdas? – Preguntó al ruso buscando contacto visual. Claro que le había hablado de él, no había nada que lo hubiese escondido, al menos no en lo referido a aquel tema en concreto. – Ha venido desde París para… - En ese momento cayó en la cuenta de que no le había preguntado eso a Thomas y le miró unos segundos antes de volver la vista de nuevo e intentar desviar el tema. ¿Sólo para verla a ella? Se le hacía raro. – ¿Te encuentras mejor, cariño? – Le preguntó con dulzura sin poder (ni querer) evitarlo. A ella también le había tocado dormir en el sofá alguna vez y sabía lo fastidioso que era para el cuello, aunque no iba a negar que cuando luego él se unía a ella le encantaba sentirle tan cerca. – Hay café en la cafetera, aún está caliente por si quieres un poco… - Añadió casi de inmediato. Con la noche que había pasado posiblemente necesitara cafeína y si estuviese un poco frío él tenía fácil solución a ese problema.
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Re: La Visita

Mensaje  Thomas Myles el Lun Abr 16, 2012 7:07 am

[OFF: No tienes perdón, Mihjail, ¡A la hoguera! ]



La diferencia de opiniones ya comenzaba a notarse cuando el tema se centró en los muggles, y es que de verdad era un tema que a Thomas en el fondo le escamaba. No era sólo que los odiaba –porque realmente era de los que creía que se hacían odiar− sino que encima tenía que aguantarlos por obligación; sus propios padres lo eran, y estaban totalmente de acuerdo con los Brigadistas. Igual que Sunday parecía sorprenderse por el comentario del francés, éste se extrañó por la reacción de la joven.

Tienes razón… −admitió tras oír las opiniones de Sunday. Y sí, decía “oír” porque lo que sería “escuchar”, no. Sunday ya podía decir misa que Thomas no iba a cambiar su forma de pensar, por mucho que éste se hiciera el hipócrita, como en ese instante. Así que añadió con una sonrisa mientras se incorporaba para dejar la taza aún medio llena (¿o medio vacía?) sobre la mesa− Aun así hoy en día no te puedes fiar de nadie.

Para sus interiores eso podría haber sonado como una indirecta. Le parecía mentira que Sunday pudiera pensar así después de lo que sucedió con su madre e incluso familia. Con tan sólo informarse ni que fuera un poco de lo que sucedía con el Mundo Mágico, a Thomas ya le hervía la sangre. ¿Cómo podía Sunday estar tan tranquila?
En fin, volvió aparentar como que escuchaba a la chica… Bueno, realmente sí que la escuchaba mientras hablaba sobre su novio y tal. Blah, blah, blah… Pronto terminaría con esa clase de cursiladas, que más que su pareja parecía un carcelero. Pero disimuló:

Normal, ¿Quién no va a querer proteger semejante tesoro? –‘Tesoro que volverá a Moi’.

Sonrió con simpatía como el perfecto amigo cuando la puerta del apartamento se abrió. Thomas se sorprendió por unos instantes, pues había llegado el momento de encontrarse personalmente con el tal… Mihjail. Entonces sus labios volvieron a arquearse en una expresión agradable, pero si su mente estuviera conectada a unos altavoces, lo primero que se oiría sería un ‘No me creo que Sunday me haya cambiado por… “esto”. Mon Dieu!’ Por lo pronto parecía educado, y Thomas no iba a ser menos, así que se levantó del sofá y se acercó también para corresponder al saludo y estrecharle la mano.

Thomas… –dijo aún sonriendo, aunque Sunday se le adelantó y lo presentó. El francés asintió sutilmente, y le alegró todavía más que la rubia afirmara que le había hablado de él a Mihjail antes. Eso significaba que había ganado bastante terreno en su vida. Igual y esto de ser el roba-novia no iba a resultar tan complicado como pudiera parecer. Tenía la sensación que tras esos aparentes cimientos intactos de la pareja, se encontraba por algún sitio una brecha que podría aprovechar para acabar de romper la aparente fortaleza inquebrantable.

Observó como Mihjail se dirigía a Sunday para besarle la frente. Thomas se mantuvo frío, simpático, inmutable… calculando más o menos cuanto tiempo les quedaba como pareja. Todas empezaban igual… Y todas acababan igual. O en tal caso… DEBÍAN acabar.

Para darle la noticia a mademoiselle Dawson que finalmente me traslado a Londres, así en la Universidad tendrá un compañero que la apoyará en caso de que suceda algo, ya se sabe cómo está el mundo actualmente… Aunque ya se sabe que Sunday… Es muy Sunday –comentó dirigiendo ahora su mirada a la chica (a la cual le había respondido) y con un tono bromista. Y ahora sabiendo lo protector que parecía ser el ruso, no iba mal avivar un poco la llama sobre el tema de la “peligrosidad” en la Universidad Londinense. Dejó que se hablaran lo que tuvieran que hablarse después de que Mihjail, o “esa cosa rusa” como solía llamarlo mentalmente –Bueno, uno de los muchos motes que le ponía− viniera del trabajo, y entonces decidió intervenir y dirigirse a éste.

Sunday… –no iba a darle el gusto diciendo que la chica le había hablado de él, se lo ahorró e improvisó con naturalidad− me ha comentado que trabaja como profesor de Transformaciones… Debe ser un poco cansado ¿no? –lo decía él que no había trabajado en la vida, no al menos hasta el momento− También le estaba comentando a lady Dawson lo acogedor que resulta el apartamento… ¿Piensan quedarse a vivir aquí o es sólo provisional? -quería oír la respuesta de boca del "novio", para saber que clase de planes tenía en mente.

Y viva la hipocresía porque no aguantaba al tío que tenía delante, añadiendo a eso los planes que tejía en su mente para romper esa pareja y hacerles daño sutilmente… Y en cambio ahí estaba, que parecía que iba a ser el consejero personal de ellos dos o el amigo de confianza con el que podrían contar siempre.

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